Liebres: Los secretos de la caza de la liebre

A pesar de mi condición de perdicero nato no dejo de reconocer mi atracción por las liebres, que tanto desprecio se ha ganado en su larga vida. Hagamos memoria de ésto y adentrémonos en los secretos de la caza de esta singular especie cinegética.

Secreto caza liebre

Liebre

Desde que tengo uso de razón la carne de este animal, tal vez por aspecto sangriento, no era muy bien vista en las cocinas de ciertas y abundantes casas; su presencia en los guisos era buscada y apreciada, pero no se exhibía, tan sólo se utilizaba para dar gran sabor a los pucheros.

Parte de la mala fama se ganó con el rumor de que frecuentaba los cementerios, dando a entender que podía ingerir carne. Esta versión con tildes fantasmagóricas corrió como la pólvora en la España de la posguerra, llegando a escucharla en algunos corrillos cinegéticos bien entrado el año 2000.

Entrando en el tema, y con el debido respeto a los galgueros, prefiero adentrarme en su caza con escopeta y perro de muestra. A muchos les puede parecer muy sencillo, yo no lo entiendo así. No suelen abundar especialistas en esta caza, como tampoco se da con cierta frecuencia que un perro de muestra muestre las liebres en la cama. La culpa de que un perro de caza no llegue a ellas es tan solo nuestra o del cazador. Casi siempre vamos a un ritmo endiablado buscando las perdices, la limitación de las horas de caza, cada vez más frecuentes, nos hacen parecer maratonianos cazadores, en ese orden. Al perro la mayoría de los cazadores no le dejan trabajar. Si se adelanta mucho porque se va, y si intenta cazar a tiro de escopeta le comemos el terreno con nuestro vertiginoso ritmo de caza. Bueno sería para nosotros, para la caza y para nuestros perros que dedicáramos un tercio del tiempo empleado en la jornada a buscar alguna liebre o conejo. Recuperaríamos al perro, lo relajaríamos, a nosotros nos vendría perfecto como respiro.

Las liebres son animales con unas dotes para el mimetismo admirables. En una tierra con dos tonalidades, he cobrado dos liebres con la piel totalmente distinta, una clara casi amarilla y la otra marrón rojizo, todo un alarde de adaptación al medio.

El que afirme que el tiro de la liebre no tiene dificultades no está siendo del todo sincero. Bulto tiene más que el conejo. Le sucede igual que la torcaz, la vemos tan grande, tan fácil, que se falla con la misma tranquilidad que se habla. Tampoco sería justo tacharlo de complicado, digamos que la liebre se suele fallar por exceso de confianza, por verla muerta antes de tiempo.

Liebre y perro

Perro con liebre abatida

El sitio vital, como en todos los animales, la cabeza. Siempre he escuchado entre grandes expertos de esta caza que la liebre se arranca de los pies se ha de subir la escopeta en el encare lentamente, no hacer movimientos bruscos, buscarle el sitio donde deseamos abatirla y al tiempo cuidarnos del perro, visualizarlo, no arriesgar lo más mínimo, mejor que se vaya ante la duda de un accidente. Os aconsejo pues, disparar a las orejas, donde nuestros plomos harán y cumplirán su cometido letal.

El tiro que hacemos cruzado es más sencillo, tan solo debemos adelantar un poco por delante de la nariz de la bigotuda, y ésta rodará dando volteretas, haciendo más espectacular el lance.

    Artículos relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *